martes, 1 de septiembre de 2015























Ilustración Paula Bonet


ESCRIBIENDO...


Este verano ha pasado un poco como tú por mi vida;
en círculos hasta vomitar y dejando su estela entre mis muslos.
Ya no queda rastro de las margaritas que nunca deshojé en busca de un porqué.
No necesito estrangular flores para saber que mi salvavidas no sabía nadar.

¿Sabes? Yo fui esa cazadora en busca del animal herido;
esa zorra que va al acecho de su presa
cualquier sábado noche para apuntarle con el rifle entre los ojos
mientras le jura su amor eterno.

 Fui besando a desconocidos
para que dejaran de serlo.
Cruzando los dedos
y descruzando mis piernas
Así de suicida y rápida.

Yo quise por todas esas razones
que tú nunca me diste.
Aún tengo mis principios
aunque  esté cosida a base de puntos finales
A gilipollas no me gana nadie.
Y es que yo amé como aquella niña
que aprieta bien fuerte sus coletas en el primer día de colegio
buscando inocente la permanencia en un abrazo.

Te escribo desde esta habitación de paredes abuhardilladas y falso techo  
desde donde me juraste que podíamos tocar el cielo
mientras cruzabas los dedos.
Desde ese vacío que se queda
después de sacar toda la mierda que llevas dentro.
Desde ese vacío al que tú solías llamar corazón
aunque solamente fuese un hueco séptico que supuraba.
No te escribo desde la cicatriz,
te escribo desde la nueva piel que crece debajo
después de que mi costra haya caído


Te escribo porque ya me cansé de electrocutarme
por eso de seguirte la corriente.
Te escribo desde la seguridad de que en este círculo
 jamás encontraremos las esquinas
Me he cansado de marearme intuyendo que va a pasar.
Qué va a pasar.

Te escribo ahora para celebrar la muerte
 de todas esas veces que te he deseado en voz alta,
sabiendo que por muchas velas que soplara
si por detrás cruzaba los dedos
jamás se iba a cumplir.

Te olvido
ahora que puedo
Te dejo de querer
ahora que quiero,
 a muchos más
mucho menos que a ti.
Pero mejor.
Te escribo consciente de que yo soy el síndrome
y abstinencia ya no eres tú.

Te escribo para que no te quepa duda de que todo lo escrito ya no tiene ninguna importancia.
Te escribo porque a mentirosa no me gana nadie.

Ni siquiera tú.