lunes, 15 de marzo de 2021

 HABLANDO DE LA ENTROPÍA: 

(En construcción)




Cerca del pubis llevo un tatuaje  por el que alguna vez me han preguntado: ¿qué es? ¿qué significa?. Yo les explico que es la fórmula física de la entropía. Pero, ¿qué es la entropía para mí?

La entropía es eso que ocurre desde que abrimos los ojos hasta que deja de atisbarse el último rayo de luz. Es aquello en lo que nos han educado tiñéndolo de  falsa estabilidad para hacernos sentir confortables y rodeados de millones de algodones para evitar cualquier golpe.

Desde que nacemos nos dicen “tienes que ser sincero y llevar una vida ordenada para ser válido como ser humano”. Entonces tenemos que empezar a vestir de un modo que se considera el adecuado; tenemos que juntarnos con los mejores niños y ser educados. Para nosotros es algo que en ese momento carece de sentido. ¿Por qué no puedo llenarme la camiseta de barro y gritar hasta quedarme sin pulmones? Aun así lo aceptamos sin que quede otro remedio puesto que nuestro superyó son los adultos.

Después llega la adolescencia y la juventud; momento en el que la entropía cabalga por delante en la mayor parte de la carrera dejando todo pensamiento de orden y estabilidad en la cuneta hasta que éste coge la ventaja y se hace con las riendas de nuestra persona. Es entonces cuando muere la libertad y con ella la poesía que es el mundo en su máximo esplendor. El miedo pasa a apoderarse de nuestro ser y utilizamos nuestra mayor parte de la energía en reconstruir una y otra vez esos cimientos que siempre vuelven a caer y a sumirse en el caos.

(...)

domingo, 29 de octubre de 2017

Resultado de imagen de flor paula bonet





Flores
(en creación)




Es la primera vez en meses que soy capaz de esbozar mínimamente lo que mi cuerpo expresa día tras día.
He llorado mucho sí. Pensaba que existía un número límite de lágrimas y que cada persona por la que se lloraba tenía asignado un tanto por ciento de esa cantidad.
Me reconfortaba el pensar; vale, tú me has hecho un 80% de daño por lo que te mereces un número de trescientas lágrimas. 

He ido contando lágrima por lágrima como si de una cuenta atrás se tratase. He tachado los días en mi calendario esperando a que llegase la última.

¿Sabes? Yo solía tener una bonita sonrisa. Una sonrisa capaz de iluminar hasta el recoveco más lúgubre de la Tierra.
Con esto no me refiero a que no haya reído de nuevo. Claro que he vuelto a reír; he reído a carcajadas hasta quedarme sin respiración y hasta que el estómago me ha dolido.
Pero ya no es ESA sonrisa; ésa que era capaz de hacer al mundo entero temblar al verme pasar con ella puesta.

En el fondo pienso que sigue en algún lugar muy dentro de mí; esperando el momento y a la persona adecuados para salir y no volver a perderse nunca más.
De sobra ha quedado demostrado que tú no eras esa persona. Has dejado caer al suelo todas y cada una de mis lágrimas y después las has cubierto de cal para que no pudiese crecer nada a su alrededor. 
Has destruido cualquier atisbo de vida que pudiese quedar y te has llevado las raíces sobrantes para construir tu propia sonrisa; pero nunca será como la mía.
He cultivado esa sonrisa todos y cada uno de mis días; le he llorado para que no muriese de sed y le he enseñado a tener paciencia en momentos de sequía. 
Y es que vale la pena pasar por un invierno congelado sabiendo que después llega la primavera; y con ella, sus flores.
Tú nunca fuiste capaz de aguantar un invierno. Tú nunca fuiste capaz de ver que cultivando lo tuyo, aparecían incluso más flores a tu alrededor y con unas raíces más fuertes. Tú nunca fuiste capaz de ver más allá de tu maceta. Tú nunca tuviste flores.
(...)


martes, 1 de septiembre de 2015























Ilustración Paula Bonet


ESCRIBIENDO...


Este verano ha pasado un poco como tú por mi vida;
en círculos hasta vomitar y dejando su estela entre mis muslos.
Ya no queda rastro de las margaritas que nunca deshojé en busca de un porqué.
No necesito estrangular flores para saber que mi salvavidas no sabía nadar.

¿Sabes? Yo fui esa cazadora en busca del animal herido;
esa zorra que va al acecho de su presa
cualquier sábado noche para apuntarle con el rifle entre los ojos
mientras le jura su amor eterno.

 Fui besando a desconocidos
para que dejaran de serlo.
Cruzando los dedos
y descruzando mis piernas
Así de suicida y rápida.

Yo quise por todas esas razones
que tú nunca me diste.
Aún tengo mis principios
aunque  esté cosida a base de puntos finales
A gilipollas no me gana nadie.
Y es que yo amé como aquella niña
que aprieta bien fuerte sus coletas en el primer día de colegio
buscando inocente la permanencia en un abrazo.

Te escribo desde esta habitación de paredes abuhardilladas y falso techo  
desde donde me juraste que podíamos tocar el cielo
mientras cruzabas los dedos.
Desde ese vacío que se queda
después de sacar toda la mierda que llevas dentro.
Desde ese vacío al que tú solías llamar corazón
aunque solamente fuese un hueco séptico que supuraba.
No te escribo desde la cicatriz,
te escribo desde la nueva piel que crece debajo
después de que mi costra haya caído


Te escribo porque ya me cansé de electrocutarme
por eso de seguirte la corriente.
Te escribo desde la seguridad de que en este círculo
 jamás encontraremos las esquinas
Me he cansado de marearme intuyendo que va a pasar.
Qué va a pasar.

Te escribo ahora para celebrar la muerte
 de todas esas veces que te he deseado en voz alta,
sabiendo que por muchas velas que soplara
si por detrás cruzaba los dedos
jamás se iba a cumplir.

Te olvido
ahora que puedo
Te dejo de querer
ahora que quiero,
 a muchos más
mucho menos que a ti.
Pero mejor.
Te escribo consciente de que yo soy el síndrome
y abstinencia ya no eres tú.

Te escribo para que no te quepa duda de que todo lo escrito ya no tiene ninguna importancia.
Te escribo porque a mentirosa no me gana nadie.

Ni siquiera tú.


jueves, 9 de julio de 2015

Ilustración Paula Bonet


Si realmente quieres quererla, hazlo.
Hazlo pero antes prométeme
que lo harás con la condición de destruir cada condicional,
que después de la tormenta siempre llegará la cama
y que lo intentarás por todos los miedos.

Si te quieres ir, vete.

Si no te quieres ir, vente por donde te has ido.

Pero antes prométeme

que no le llamarás casa hasta que yo me haya mudado de ella
y que no la besarás como a mí me pesas ahora,
o como me solías besar.

Si te muerde, que no lo haga en tu clavícula derecha, es donde yo solía vivir.

Cuando te baje las bragas hasta los tobillos y te toque hasta hacer que la poesía se corra, por favor,
recuerda que sus manos nunca te follarán como yo te escribo,
y que tus ojeras jamás llevarán escrito su nombre.

Al dormir con ella no dejes que una con sus dedos tus 121 lunares,

recuerda que existe el riesgo de que al unirlos aparezca mi silueta.
Cuando quieras hacerle regalos, que no sean ramos de flores;
aún tengo clavadas en el pecho las espinas de las rosas que jamás me regalaste.

Si quiere unir lazos, que no los apriete demasiado;

no vaya a ser que ante un ataque de cordura decidas cortarlos.
Si quieres mirarla, antes de hacerlo cámbiate los ojos;
quiero que conserves el reflejo de los míos el día en el que nos dijimos adiós
alegando que lo nuestro iba en dirección al sinsentido.

Procura también que no se ahogue en el océano de tus ojos,

yo sigo queriendo escapar de allí, pero siempre me arrastra la marea.
Que no intente moldear tu cielo para crear nubes,
suficiente tengo ya con que se haya llevado tu primavera.

Permíteme que los domingos me balancee por la curva de la primera letra de tu nombre

hasta que no recuerde el día en el que me olvidaste,
hasta que dejes de ser mi forma de suicidio favorita,
o hasta que escriba sobre otras piernas y otras bocas que tendrán otro cuerpo pero les pondré tu nombre.
Déjame que te llore 3 horas al día, que te odie 1
y que te quiera el resto.

Ah, y si te quiere querer, que te quiera.

Pero que aprenda a vivir con mi corazón entre tus piernas,
porque no pienso irme de mi casa.

jueves, 21 de mayo de 2015

MEMORIA SELECTIVA:

"A partir de ahora sólo pensaré en mis miedos cuando los tenga al puto cuello"
Ilustración http://www.albertsoloviev.com/









He vivido tantos finales por perder mis principios
que he acabado muriendo de coma emocional.
He dicho “te quiero” olvidándome del pero tantas veces
que estoy cosida a base de mentiras adornadas con poesía,
y de puntos suspensivos,
y de comas,
y de “te quieros” llenos de peros en la lengua.

Que sí, que reconozco que he sido una hija de puta,
ya te encargas tú de recordarme el día en el que mi cordura
decidió irse a por tabaco sin volver.
“¿Te acuerdas cuando me olvidaste? me dices.
Cómo me voy a haber olvidado de ti si mi memoria selectiva
 ha decidido que es mejor recordar tus 121 lunares
que los criterios diagnósticos de una pericarditis aguda.

Ahora lo nuestro ya no tiene vuelta de ojalá,
a menos que la solución esté en besar al problema
y bajarle las bragas a los miedos hasta que se corran de risa
y dejen todo empapado de ilusión.
Ojalá, ojalá y ojalá…
y ojalá que no existieran los ojalás.

Siempre he creído que aquello que puede hacer perecer la pena
hay que intentarlo por todos los miedos; y es que a estas alturas,
 a quién le importa la caída.
Que vale, que puede ser que las vistas a la altura de las circunstancias
resulten dar a un campo de minas,
pero siempre es mejor eso a matar el tiempo y que éste termine por matarte.

No quiero estar otra vez cerca de volver a estar lejos.
No quiero ser afortunada en el luego.
No quiero seguir yendo en dirección al sinsentido.

No quiero que me dejes. Echarte de menos, digo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

YA ME HE PUESTO EL ABRIGO DE QUITARME TU FRÍO




"De ese tipo de personas que te lleva flores a la tumba después de haberte llevado flores para llevarte a la tumba"
Ilustración http://www.albertsoloviev.com/







Qué peor falta de ortografía existe que la de poner puntos suspensivos
donde corresponde un punto y final.
Qué peor promesa que la de prometer olvidarnos
pero olvidarnos de lo prometido.
Cómo cuesta avanzar si cada paso es un nuevo obstáculo
que no quiero vencer.

Sigo soñando contigo cuando no puedo dormir,
ya se encarga el puto despertador de hacer su trabajo
y hacerte desaparecer cada mañana sin dejar rastro.

Podría quemar tus recuerdos pero todo olería más a ti.
Podría taparme con las sábanas por si así no pasan tus balas,
y es que no sé por dónde van los tiros pero siempre vienen de ti.

Podría volver a perderme en el laberinto de tus sábanas
y hacerme la dormida mientras veo cómo muy despacio,
intentas escaparte de la cama y yo me quedo esperando, por si vuelves.
No imaginas cómo duele notar tu respiración
y no saber si va a ser la última vez que voy a escucharla.

Me he cansado de ir con prisa a todas partes
cuando ya es tarde para todo.
Aún me pregunto en qué puto momento
te enseñaron a romper sin tocar.

Ahora hago metáforas con el humo de cualquier cigarrillo,
y es que en cada calada muero lentamente acercándome al humo
de lo que un día fueron tus besos.
Firmaría cualquier contrato que me asegurase que no vas a volver,
pero soy incapaz de dejar de mirarte a los ojos y así no puedo firmarlo.

Cómo olvidarte si el día en el que nos conocimos
en lugar de romper el hielo me lo derretiste.
Dime cómo lo has hecho tú para levantarte
mientras yo sigo en la última postura en la que me dejaste, por si vuelves.
Cómo enseño yo a mis pulmones a no romperse en mil pedazos
cuando huelo tu perfume en otros cuerpos.

Son las 12 y 16 intentos de quedarme dormida
un invierno cualquiera de cualquier mes.
Me quedo en la cama esperando a que vuelvas.
Dejando que la vida pase, a ver qué pasa.
Y si quiere, que pase.
Llega la primavera  y entonces llamas a mi puerta
con los ojos bañados en otoño.
No sabías que yo, ya no abro puertas a desconocidos.






domingo, 21 de septiembre de 2014

HABÍA UNA VEZ, PERO YA NO







Me rompes todos mis esquemas,
 y mírame ahora,perdida entre folios.
Sabes que la esperanza es lo único que me pierde.
Hay margaritas creciendo en mitad de Gran Vía,
¿ y tú dices que lo nuestro es imposible?

Apareces sin avisar cuando las heridas están cicatrizando,
porque seamos sinceros, nunca llegaron a cerrarse.
Cambia el tiempo y entonces las cicatrices escuecen.
Mi cama de ochenta me sigue quedando grande,
y deseo con todas mis fuerzas que me des las buenas noches,
pero también que me las hagas.

Decidiste congelar todos nuestros recuerdos
pero no fuiste consciente de que el hielo también quema.
Y es que aunque ya te has ido,
 sigo manteniendo la postura en la que me dejó tu último abrazo,
por si vuelves.

Soy capaz de decir dónde me duele,
utilizando únicamente un calendario.
Espero a que algún día alguien me abrace tan fuerte,
que todas mis partes encajen de nuevo.
Pero el problema es que cuando el vaso se ha roto las  piezas ya no se pueden recomponer;
toda la forma ha cambiado.

Aprendo a olvidarte
escribiendo de ti.
Tú serás mi inspiración
el día que escriba sobre el olvido.
Ya no beberé morena la cerveza,
ya no me acordaré de tu pelo.